La diplomacia de Uribe, ¿Negocio de gobierno o bienestar para todos?

Bueno mis acerbados lectores, para ser sincero creo que nadie ha leído un !"·$%&/¬€~#@ de esta vaina pero no los culpo, con tanto porno en la red quien tiene tiempo para los pensamientos de danny, el hecho es que de verdad me entretengo demasiado publicando mis historias y pensamientos, me siento cerca de la inmortalidad, jajajajjajajajajaj que cursi jajajajajjajaa bueno el hecho II, hoy les voy a hablar de política internacional (ahhhhy Dios que mamera) y de la forma como a mi parecer ,y de los reconocidos escritores que enriquecieron mi investigación, se ha manejado la política internacional por la administración Uribe Vélez. Este trabajo hace parte de un par de ensayos que realice hace aproximadamente 6 meses para un maestro, el profesor Leonardo Carvajal en la Universidad Externado de Colombia si de casualidad se topa con este blog profesor un saludo muy caluroso desde Barraquilla, como siempre todos sus comentarios son más que bienvenidos. Sin tanta chachara ahí voy...


La diplomacia de Uribe, ¿Negocio de gobierno o bienestar para todos?


En un primer vistazo resulta espinoso el uso de la palabra negocio en el título de este ensayo. Sin embargo, con el ánimo de evitar herir susceptibilidades - especialmente en corazones uribistas – se aclara que muy ajeno a la idea monetaria o de maquinaria política que surge de utilizar palabras como negocio, empresa o industria acompañadas o para referirse a políticas de gobierno, lo que se pretende es primero que todo invitar al lector –especialmente al uribista – a indagar y tratar de refutar este escrito, en últimas se quiere despertar el interés haciendo uso del morbo amarillista por el complot y lo ilegal intrínseco en la mente colombiana. Al usar la palabra negocio se hará, de aquí en adelante, estricta referencia a una acción, a aquello que es objeto de interés personal para alguien; el gobierno.

Desde la llegada de Álvaro Uribe Vélez al poder han pasado al día de hoy 4 años y 98 días. La sociedad y los medios colombianos han sido testigos de una política exterior vacilante o multifacética que en ocasiones y dependiendo de la coyuntura política del momento apunta siempre, solo que con diferente intensidad, hacia el hegemón norteamericano. En repetidas ocasiones dicha obstinación justificada según el gobierno en que la única forma de acabar con el conflicto nacional es a través de la mano dura, ha desencadenado en múltiples reveses o peculiaridades en el ejercicio de la política exterior nacional, en una nación que por momentos parece olvidar su condición de país en vía de desarrollo dejando de lado a sus vecinos o a otras comunidades que pueden enriquecer el proceso conjunto de desarrollo como Asia o África.

El análisis que aquí pretende hacerse comprenderá estrictamente los tres primeros años de gobierno de Álvaro Uribe Vélez en materia de política exterior. Resulta enriquecedor entonces analizar la coyuntura política que llevó al actual presidente de los colombianos al poder. Tras un aparatoso proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), durante la administración Pastrana, la sociedad colombiana se mostraba cansada por no decir harta de la búsqueda, aparentemente sin sentido de una salida negociada al conflicto. Fue así, como en vuelco total a lo que caracterizó a la política exterior dual de Pastrana, se rompieron los acuerdos de paz con el grupo subversivo y se dio fin a la que parecía interminable zona de despeje. Fue entonces en el marco de una “diplomacia para la guerra” que Uribe llegó a la Casa de Nariño haciendo uso de su lema “mano dura y corazón grande” en 2002.

Enmarcado por la “diplomacia para la guerra”, que no es más que una diplomacia encaminada a la consecución de eco internacional para la solución bélica del conflicto, tuvo lugar el primer revés diplomático de la administración Uribe. Para ese entonces y debido al contexto guerrerista en el que llegó Uribe Vélez al poder, parecía que el Ministerio de Relaciones Exteriores pasaba a un segundo plano siendo relevado por el Ministerio de Defensa, un ente sin experiencia ni tradición internacionalista que simplemente expresaba el enfoque, más circunstancial que pensado, que tendría la política exterior de Álvaro Uribe Vélez. Lo que aquí se pretende resaltar es el carácter no profesional que adoptó la política exterior colombiana y la falta de liderazgo y tesón de la Cancillería Nacional.

Otro error fundamental en el desarrollo de la política exterior nacional es sin duda el trato que se le ha dado al tema del medio ambiente. Resulta ilógico que en un país como Colombia que ocupa el primer lugar del mundo en biodiversidad relativa (mayor número de especies por Km²), y el cuarto lugar del mundo en recursos hídricos, el tema del medio ambiente no haya tenido la resonancia significativa que merece. Es de destacar la decisión que sorprendió al país tomada en 2003 por el presidente, de fumigar con glifosato los parques naturales colombianos[1]. En definitiva “el cuidado del medio ambiente del país sigue siendo un objetivo supeditado a la necesidad de erradicar cultivos ilícitos por el método de la aspersión aérea de herbicidas, que es costoso en términos de salud humana y sostenibilidad ecológica, y demostradamente ineficiente en lograr su objetivo”[2].

Distinto al tema ambiental es de subrayar el pobre manejo matizado de falta de roce y bagaje internacionalista por no mencionar de sub-valor hacia todo lo que no sea Estados Unidos, que se le ha dado durante el gobierno Uribe al trato con los países vecinos y la Unión Europea. La relación bilateral con países como Venezuela y Ecuador ha dejado la impresión, que de ambos lados ha faltado altura, diplomacia y una posición estatal seria y firme por parte del ejecutivo. La relación con estos vecinos ha transcurrido como un vaivén de acusaciones en los que se deja ver un sentimiento colombiano sobre la permisividad del gobierno chavista hacia los grupos subversivos. Como resultado se ha generado una “diplomacia de micrófono” que crea un círculo vicioso en las relaciones con la República Bolivariana de Venezuela[3].

Por mencionar otras regiones, cabe destacar el caso de Ecuador, país con el que tampoco se ha tenido tacto en el manejo de las relaciones. En este sentido se hace referencia a la culpa abierta lanzada por el mandatario Colombiano con respecto a que, según Uribe, el misil utilizado en el atentado perpetrado por las FARC al presidente de la Asociación Nacional de Ganaderos en octubre de 2003 fue vendido por militares corruptos ecuatorianos lo que generó una respuesta por parte del mandatario ecuatoriano quien retiró a su embajador en Bogotá[4]. Como error final y obviando desastres diplomáticos como la mala relación con la Unión Europea y las ONG[5] de derechos humanos, se destacará el desastre que significó la presencia de Uribe en la conmemoración de la independencia de Panamá en la capital del vecino país y el abandono por parte de Colombia de lo acordado en octubre de 2002 por los países pertenecientes a la CAN de crear un arancel externo común.

Sin lugar a duda dichas nefastas determinaciones fueron motivadas por las presiones ejercidas por los Estado Unidos al gobierno nacional. En el primer caso, el de Panamá, se quiso evitar el renacimiento de un “sentimiento anti-americano en un país de mayoría uribista (…) Lo cierto es que el país optó por el mutismo y la administración dejó pasar prácticamente inadvertida la remembranza de la más grave cersenación territorial que ha sufrido el pías”[6]. En el caso de la CAN el tema no es muy diferente, como ya se dijo, en octubre de 2002 se definió un arancel externo común, una clara muestra del lugar primordial que para el país tenían los espacios multilaterales. Sin embargo debido al descontento que dicha determinación causó en la capital norteamericana, Estados Unidos presionó al gobierno nacional y se terminó desmontando dicha decisión.

Una vez más estos episodios dieron muestra de la falta de autonomía en materia de política exterior y del abandono de una tradicional cultura de negociación multilateral por una corriente estrictamente bilateral con los Estados Unidos, estrategia en la que ciertamente el país tiene poca ventaja. En últimas “Uribe se bilateralizó geográficamente con Estados Unidos por encima de la clásica multilateralización (…) por encima del objetivo histórico de diversificación de la agenda exterior”[7].El país perdió una cultura que venía ganando terreno desde la presidencia de los No Alineados. Uribe desestimó los logros anteriores y se concentró en lo para él conveniente en materia de resultados rápidos e inciertamente duraderos y reales, todo esto en el marco de la “lucha global contra el terrorismo”.

Posiblemente solo reste mencionar que aparte de un incansable intento del ejecutivo por concentrar las relaciones exteriores en los Estados Unidos, la sociedad civil tiene que afrontar también su cuota de responsabilidad en la adopción de dicha estrategia. Parece claro que el colombiano no percibe ni la política ni mucho menos las relaciones internacionales como un conjunto de factores que poco a poco y a largo plazo, debido a la interacción y diálogo recíproco, crean un espacio apto y adecuado para todos. Los colombianos continúan férreamente apegados a un pensamiento cortoplacista que obliga a los gobiernos de turno, criados también en el seno de esta sociedad, a buscar incansablemente políticas o aliados que permitan mostrar resultados rápidos y medianamente concretos en el tema de predilección del mandatario.

Es fundamental que el país abandone el enfoque parroquial que a través de su historia ha caracterizado al manejo de la política exterior colombiana. “Uribe ha hecho de su política internacional un ejercicio primario y parroquial”[8], eso es cierto pero también lo es, que lo ha logrado gracias a la permisividad y a los votos de todos los colombianos.

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[1] Leonardo Carvajal y Rodrigo Amaya, “La política exterior de la Administración Uribe (2002 – 2004): Alineación y securitización”, en Cuadernos del CIPE, Bogotá: CIPE – Universidad Externado de Colombia, Mayo de 2004, p. 49
[2] Ibíd., p. 40
[3] Ibíd., p.p., 20 - 21
[4] Ibíd., p. 23
[5] En este sentido ver Ibíd., p.p., 16 -19 , 36 – 39
[6] Ibíd., p. 27
[7] Ibíd., p. 45
[8] María Jimena Duzán, en: Leonardo Carvajal, “Tres años del gobierno Uribe (2002 – 2005): Un análisis con base en conceptos dicotómicos de política exterior”, en OASIS, N.11, Bogotá: Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales (CIPE) de la Universidad Externado de Colombia, 2005 – 2006, p. 149